La versión de mí que nunca se fue.
abril 13, 2026
A veces creemos que lo que no fue se pierde. Que aquello que “casi” ocurrió queda suspendido en un lugar al que no podemos volver. Pero hay versiones de nosotros que no desaparecen: se transforman, se quedan, nos acompañan… y nos siguen construyendo en silencio.
Hay una versión de mí que aún perdura, como un amanecer a media luz: no terminó de llegar, pero tampoco se fue del todo.
Hay una versión de nosotros que habita en el borde de la memoria. Una versión que estuvo lo suficientemente cerca de un sueño, de un instante, de una vida que casi se desarrolló como la imaginamos. Lo suficientemente cerca como para sentirla, para creer que nos pertenecía… y, de pronto, ya no.
Muchos hablan de esa versión con una tristeza callada, como si hubiera quedado congelada en algún punto del tiempo, atrapada en una vida que nunca llegó a ser. Pero yo no creo que la mía se haya quedado atrás. Creo que se quedó conmigo. Porque cuando miro con atención, no veo una versión que fracasó. Veo una versión que siguió avanzando, en silencio, con imperfecciones… pero siempre hacia adelante.
Tal vez no llegué a donde alguna vez imaginé. Pero esa versión no desapareció: cambió, se suavizó, maduró… y se convirtió en algo más verdadero.
La versión de mí que “casi lo logró” sigue viva. No como un recuerdo distante, sino como una presencia constante. La encuentro cada vez que me enfrento a mí mismo, cada vez que elijo seguir siendo honesto, incluso cuando sería más fácil soltarlo todo.
Quizás alguna vez la llamé ingenua o inocente. Hoy entiendo que era valiente. Sigue en mí, descansando suavemente en lo profundo de mi corazón, recordándome quién soy cuando el mundo intenta distraerme de lo esencial. No es una versión ajena. No es alguien distinto. Es mi raíz. La encuentro especialmente cuando me pierdo. Y sé, de alguna manera, que es ella quien me sostiene.
No “lo logró” en el sentido que yo esperaba… pero logró algo más importante: me convirtió en quien soy hoy. Y aunque tal vez nunca llegó a conocerme como soy ahora, yo siempre la llevaré conmigo. Porque en ella habita la esencia de mi vida.
Si no hubiera existido, quizás seguiría siendo aquel mismo joven sin preguntas. Pero gracias a ella, sigo en camino. Me enseñó a avanzar incluso en la incertidumbre. A elegir la honestidad, incluso cuando pesa. A continuar, no con perfección ni con certeza absoluta, sino con verdad.
Aún hay días en que siento que estoy al borde de algo. Días en que me pregunto si esta vez lo lograré… o si volveré a ser esa versión que “casi”. Pero ya no siento miedo como antes. Porque ahora sé que nada de lo que soy se pierde.
Cada versión permanece. Cada una deja una huella, transforma, moldea… y me impulsa a seguir. Así que, aunque no llegue exactamente a donde imaginé, sigo convirtiéndome en quien estoy llamado a ser. Y quizás eso era lo que ella siempre quiso enseñarme: que el “casi” no es un final… sino una continuidad.
Cada versión permanece. Cada una deja una huella, transforma, moldea… y me impulsa a seguir. Así que, aunque no llegue exactamente a donde imaginé, sigo convirtiéndome en quien estoy llamado a ser. Y quizás eso era lo que ella siempre quiso enseñarme: que el “casi” no es un final… sino una continuidad.
La versión de mí que casi lo logró nunca se fue. Se convirtió en mí. No todo en la vida se resuelve; muchas cosas, simplemente… se viven.
Gracias por leer.
Patricio Varsariah
Escribo para no olvidar quién soy mientras sigo en camino.
Publicado por Patricio Varsariah.
























